“Aquicito Nomás”

Iba en la combi cuatro horas y seguía subiendo, “aquicito mamita, sube a la última comunidad ahí te esperan en la iglesia”, esas fueron las indicaciones del contacto quechua-hablante de la tía Martha cuando salimos de la provincia de Cusco, nos encontrábamos en algún lugar entre Cusco y Apurímac, junto a un conductor que manejaba con toda la seguridad (y velocidad) del mundo por las curvas, no habían cinturones y nadie tenía forma de ver si venía un auto, pero él sabía. En la mayoría de colegios de los sectores más altos de la sociedad limeña se hacen programas de obra social, aquí se visitan lugares alejados y se construyen hogares, o se proveen donaciones a lugares afectados por desastres naturales. El “catch” está en que las comunidades a las que se va, ya están acostumbradas a recibir donaciones y, usualmente, no reflejan el verdadero estado de pobreza en el que se encuentran algunas zonas del Perú. De esta forma, el alumno que va una vez, se siente satisfecho con la colaboración hecha, dolido por el sufrimiento de algunas personas, pero no traumatizado como para no sacar su Iphone de última generación y tomarse muchas fotos con los niñitos para su instagram story.  

El concepto de ir a hacer obra social durante el día y salir a Mía de noche no existe, cuando realmente tienes el interés y la intención de ayudar, no te vas a lugares a los que no pasas la noche. El Perú pobre, ese que se muere de hambre, no esta aquicito nomás, no es el que Techo ayuda cada año, esta bien adentro y no habla castellano.

Eran las nueve de la mañana cuando llegamos al Hospital de Diospi Suyana, localizado en las afueras de Apurímac, en la puerta se encontraba el Dr Klaus, un hombre alemán y cristiano que había dedicado su carrera a la creación de un hospital que sea público, pero no funcione bajo las negligencias y excesos de burocracia del estado. Nos invitó desayuno y al cabo de media hora, estábamos nuevamente en una camioneta subiendo, la campaña estaba destinada a combatir el friaje, traíamos botas de hule para la lluvia y mantas. Finalmente, llegamos al primer punto de acogida, teníamos en el registro la orden de bajar 175 mantas y botitas, cada persona que recibía donaciones debía tener un DNI y estar inscrito en el formulario. Aquí vino el primer problema, había muchas más personas de las que figuraba el registro.  Nos ordenaron quedarnos en el auto mientras organizaban a las personas. El traductor y el pastor de la comunidad se encargaron de ingresar a las personas del formulario en la pequeña iglesia mientras nosotros organizamos las donaciones. Todo salio muy bien, los chicos estaban ordenados, nos invitaron comida e incluso tenían preparado un número para nosotros, el problema vino cuando salimos de la iglesia. Mujeres y niños llorando, rogando y arranchando donaciones, no hubo tiempo para selfies.

Esta comunidad no fue un caso especial, en todas ocurrió el mismo proceso, se aísla aquellos que no fueron inscritos en los formularios y luego se huía de aquellas personas que no recibieron donaciones. A pesar de ser consciente de que entregarle una manta a alguien no registrado, era quitársela a alguien que sí se había tomado la molestia, era inevitable sentir la sensación de que, tal vez podrían haber mantas extras y regalarle una a la niña que te vino a rogar, pero “si le das a una, le das a todos” y si le das todos, ¿que cosa le das a las personas de la comunidad que sigue? Durante todo el viaje se pudo olfatear la frustración por no poder hacer un poco más. Cuando llegué a lima, no me sentía satisfecha, me sentí peor que cuando me fui, con la terrible sensación de que un viaje no era suficiente, como si durante el viaje, la necesidad se hubiera potenciado de tal forma, que era imposible no notarla en cada esquina a la que iba.

 

Durante mi estadía en Cusco, aprendí lo que era la obra social, lo que significaba un niño que por primera vez veía un filtro de snapchat, que usaba sandalias cuando había friaje. Lo que significaban las violaciones entre familiares porque hay tan poco que todos duermen en la misma cama. La escasez de recursos, valores y seguridad, el alcoholismo como una principal causa de la falta de empleabilidad. La obra social, no es algo que me gustaría tener en mi instagram story, es algo que no me gusta recordar, pero a lo que acudo constantemente porque se que no puedo dejar de lado.