CRONICA

Cuando no me alcanzó para ir a Disney

Estaba en la universidad con un amigo (lo llamare Juan), era la 1 de la tarde y queríamos comer. Fuimos a la cafetería de la universidad y estaba llena (como de costumbre). No quisimos esperar y decidimos ir a Jockey Plaza a comer, luego de comer unas hamburguesas que no me llenaron, teníamos que volver a nuestro centro de estudios porque teníamos clases de Taller de Proyectos Digitales. Camino a la universidad, nos tomamos con un módulo de Samsung, donde había un simulador de montaña rusa, tenía ganas de subir para experimentar. Nos acercamos para que nos digan como poder usarlo, nos dijeron que teníamos que hacer un recorrido para conocer las cualidades de su nuevo celular, pregunté cuanto tiempo tomaba ese “tour” y dijeron que cerca de 15 a 20 minutos, y solo faltaban 5 minutos para que comience la clase; en parte, mi amigo no se animó porque decía que la hamburguesa lo había llenado y podría vomitar.
Terminada la clase, trate de animar a Juan para volver, él tenía un hueco de una hora pero no quería ir, entonces le dije a otro amigo (lo llamare Jaime) para ir y acepto, y dejamos a Juan en la universidad.
Cuando llegamos al puesto de Samsung, tuvimos que recorrer una serie de mini módulos donde te mencionaban las cualidades.
El primero, nos atendía una rubia que nos decía que el celular era resistente al agua, así que tenían un pequeño acuario donde metían el celular.
Luego fuimos donde un chico que nos mencionó las cualidades de sus cámaras
Luego vimos el celular tal cual, el señor que nos atendió hablaba como una máquina, decía todo de memoria. Nos presentó unos audífonos inalámbricos, parecidos a los del iPhone 7 y al último MP3 que sacó Sony. Precio: 300 soles.
El último modulo, era un pequeño cuarto lleno de espejos, ¿que nos querían mostrar? Su cámara poder tomar fotos y grabar videos en 360 grados, pero solo mostro el aparato, otra vez toda la descripción de memoria. Precio: 700 soles.
Finalmente llegamos a la cola para subir al simulador y de pronto apareció Juan, y se quiso colar. Le avise a la señora que atendía, que Juan se quería y que no lo conocía. La señora se preocupó y comenzó a llamar al chico para que saque a Juan de la cola, para eso Juan se defendió diciendo que si me conocía y que era su amigo y solo quería entrar al simulador. Al final, entro a la cola. Mientras esperábamos había unas chicas que ya se habían puesto las gafas de realidad virtual. Eran cuatro. Se simulaba una montaña rusa, como las de Disney, y había una plataforma que eran los supuestos asientos del juego y se movía según el recorrido. La primera chica no decía nada, estaba callada; la segunda por momento ponía muecas extrañas; la tercera, ponía cara de sufrimiento y a veces gritaba; la cuarta estaba llorando, no dejaba de gritar e incluso parecía que lloraba y agarraba el brazo de su amiga por eso es que ponía cara de sufrimiento. Nos quedamos impresionados ante los gritos de la chica, pensábamos que era completamente real. Cuando finalmente se retiraron, era nuestro turno. Subimos.
Yo estaba a un extremo y a mi derecha estaba Juan y luego Jaime.
Cuando nos pusimos los lentes, había la libertad de ver 360 grados. Mientras tanto la chica nos explicaba que debíamos hacer, levantar las manos, mirar arriba o abajo. En un comienzo se sintió como una montaña rusa, esa sensación de que sientes que se te sube el estómago pero luego no sentí nada, solo me reía o  me movía libremente por la silla mirando por todos lados. Juan y Jaime no decían nada, yo disfrutaba. Fue agradable la experiencia, sin embargo, no se sentía igual que estar en una montaña rusa. Jamás entenderé que tanto sufría esa pobre chica.

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